La primavera está en plena flor y es ahora cuando sólo nos apetece hablar de amor. Todas las edades se someten al amor. Nuestra necesidad de amar es tan esencial como la de respirar… o de cantar. ¿Has cantado alguna vez cuando estabas enamorad@?

Aunque ahora te pueda parecer una tontería porque no lo sientes de la misma manera, el cantar en sí puede despertar el amor, inspirarte a ello, e incluso, cambiar tu vida. Pourquoi pas?

El fenómeno Raphael

Así fue en la víspera de la primavera de 1970 cuando estrenaron la película ‘Digan lo que digan’ con el joven cantante jiennense Raphael en la URSS. Su carisma fascinó a la juventud de la Unión Soviética hasta tal punto que el interés por su vida superó al de la nave ‘Soyuz 10’ en plena época dorada espacial.

Tal adoración provocó un auténtico boom de la lengua española en un país aislado de todo el mundo en aquel periodo por el llamado “telón de acero”. Un lugar donde los idiomas no tenían mucha utilidad. Y no es de sorprender, ya que no había turismo al extranjero (curiosamente, se ha hecho tan real ahora…), el conocimiento de otras culturas era censurado y una gran parte de la literatura o música occidental era divulgada de forma ilegal. El mismo cantante contaba en algunas entrevistas que solía recibir cartas en las que le confesaban que estaban aprendiendo español por él.

Amar es bonito. Sentirse inspirado y dejarse llevar por el interés y la pasión. El interés siempre es el primero que nos surge, ¿verdad? Una chispa que hace que todo el mundo empiece a rodar alrededor de ese objeto de interés. Cuando amas siempre descubres algo que habías desconocido antes, incluso en ti mismo. Se te presentan nuevas facetas de tu personalidad. El amor te hace humano.

Así, Jacques Chirac, ex-presidente francés, bajo el impacto de la cultura e idioma ruso, se inspiró para traducir la famosa novela en verso Eugenio Oneguin de Aleksandr Pushkin. Él reconocía que los editoriales no habían admitido su trabajo porque no era un buen traductor, pero igualmente había disfrutado del proceso. Y eso, al fin y al cabo, es lo más importante