La diferencia en la percepción de la felicidad en la edad adulta es que la felicidad no se proyecta tanto al futuro, sino que se concentra en el presente. Con el paso de los años tendemos a enfocarnos en los recuerdos, de forma que nuestro estado emocional dependerá en gran medida de cómo valoramos nuestra experiencia y la vida en general.

Si nos preguntásemos qué factores podríamos considerar como marcadores de felicidad, nombraríamos, con toda probabilidad, la salud física y mental, la familia, la solvencia económica o los logros profesionales, entre otros. Sin embargo, estos aparentes pilares no garantizan en sí que nos sintamos felices al llegar a la madurez.

Expresar nuestras vivencias

Eso sí, podemos afirmar que somos felices cuando aceptamos cada etapa de nuestra vida y nos sentimos satisfechos con nosotros mismos. Ya sabemos que una vida larga trae consigo unas experiencias emocionales muchas veces positivas que uno no conocía antes. Los intereses y aficiones a veces dan giros inesperados a lo largo de los años. Todas las experiencias acumuladas nos despiertan el deseo de expresarlas de cualquier forma creativa, lo que, a su vez, nos impulsa a actividades como escribir, dibujar, enseñar, bailar, emprender o estudiar.

Aunque a cierta etapa de la vida nos dejamos llevar por las reflexiones sobre los altibajos pasados, tenemos que tener en cuenta que la longevidad feliz consiste en un constante esfuerzo intelectual diario sin olvidar la proyección hacia el futuro. La motivación para lograr los objetivos de la gente adulta no es menor que la de los jóvenes.  La única diferencia estriba en que estos últimos están más enfocados a los resultados visibles y medibles y los mayores disfrutan más del proceso y de su contenido.

Entrenando la felicidad

Si queremos mantener el bienestar durante muchos años, nunca deberemos jubilarnos mental e intelectualmente. De este convencimiento nace Jubilengua, una plataforma de idiomas online que te anima a permanecer siempre activo a través de la enseñanza de una lengua extranjera. El espectro de los intereses de una persona, su imparable curiosidad por aprender cosas nuevas, enriquece su vida, la llena de sentido, de satisfacción personal y, como consecuencia, lleva a la felicidad. Sin duda ¡la longevidad feliz se puede entrenar!

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