“Stay hungry, stay foolish”  / “Sé curioso, mantén el espíritu joven”

(Steve Jobs)

No dudamos que todos nuestros lectores han estudiado en algún periodo de su vida. Unos más y otros menos, algunos encantados y otros, por qué no decirlo, con cierto sufrimiento. Luego, llegó el momento cuando el aprendizaje en sí se acabó (¡por fín!) y empezó el trabajo. La curva de los estudios llegó a su pico cuando estábamos cursando la carrera y se fue aplanando a medida que hemos ido madurando, llegando a un punto en que nos hemos dejado de tonterías, o sea, de soñar. Tanto, que estudiar en la edad adulta provoca más nerviosismo que curiosidad.

¿Y por qué nos ha pasado eso? Si de jóvenes no éramos así, todo lo contrario, queríamos saber de todo, devorar el mundo literalmente. Pero la vida adulta nos trae otras preocupaciones y es normal que, siendo adultos, no podamos dedicar el mismo tiempo que antes a estudiar, ni que relacionemos el ocio necesariamente con el aprendizaje. ¡Hasta nos hemos olvidado de cómo era estudiar!

¿Recuerdas cómo eras cuando tenías 15 años? Seguramente, con espíritu competitivo,  ideas propias, no sometidas todavía a una crítica. Ahora imagina, ¿qué consejos te hubieras dado a tí mismo cuando eras adolescente? ¿Entrarían estos en tu lista?

1. Fantasea

A medida que nos hacemos mayores dedicamos cada vez menos tiempo a fantasear. Parece una pérdida de tiempo, ¿verdad? Bajo el peso de las experiencias acumuladas, es fácil creer que no hay nada nuevo en este mundo que nos sorprenda. ¡Craso error! Fantasías y sueños son atributos de una juventud despreocupada, pero eso no resta importancia a seguir soñando en cualquier edad. Las fantasías, por poco prácticas que parezcan, dan rienda suelta a la creatividad, y eso es también lo que mueve el mundo

2. Mantente curioso 

Los adolescentes a menudo son acusados de “holgazanería” cuando matan horas con videojuegos o chateando por el móvil. Sin embargo, ellos no paran de aprender cosas. En el marketing existe un término para nombrar a la cohorte de los jóvenes usuarios activos como “netizens”, que representan un segmento “locomotor” del mercado. Este grupo está siempre alerta de todos los lanzamientos, nuevas aplicaciones e innovaciones tecnológicas y se dejan llevar por las cosas llamativas, esporádicas y, por tanto, poco profundas. En cambio, las personas mayores somos más sabias y sabemos navegar en estos mares informativos sin perder la cabeza.

3. Toma la iniciativa. 

Las personas mayores tienden a no empezar proyectos nuevos por el miedo a no ser capaces de llevarlos al cabo, mientras que los jóvenes buscan cualquier novedad y no suelen temer el riesgo. Aunque el ritmo actual del progreso tecnológico a veces nos lo pone todo un poco cuesta arriba, nuestra experiencia acumulada nos permite seguir probando cosas. Puede que no salgan bien, pero sabemos perder y volver a levantarnos.

En definitiva, cada edad tiene sus ventajas. A pesar de que algunas capacidades empeoran con el tiempo (en muchos casos debido a que no entrenamos tal capacidad, como por ejemplo, la memoria), una de las grandes ventajas de cumplir años son las historias que hemos vivido y que podemos contar. Cuando una persona mayor se aplica a algo, lo suele hacer con toda el alma y entusiasmo.

Desde Jubilengua os invitamos a reivindicar las virtudes de la juventud dándoles un nuevo color. Para esto, además de disponer de una plataforma apta para los usuarios con nula o poca experiencia en el aprendizaje online, os ofrecemos una clase de prueba gratuita y un ameno servicio de atención al cliente que siempre resolverá vuestras dudas en un plazo máximo de 2 horas. Y lo más importante, los idiomas son una materia agradecida para aprender, porque, al contrario que la tecnología, son casi inmutables, así que uno puede estar seguro de que este conocimiento siempre estará vigente.