Muchas veces hemos leído o escuchado eso de Juventud, divino tesoro, o nos hemos preguntado retóricamente aquello de ¿quién fuera joven? Si atendemos solo a esas expresiones manidas, parece que el mundo es de los jóvenes, más aún este mundo tecnológico en el que las vivencias se comparten a golpe de clic. Nada más lejos de la realidad. Por suerte, proyectos como Jubilengua surgen de la convicción de que nunca es tarde para aprender y de que, de hecho, resulta incluso más sencillo y ameno cuando se dispone de tiempo, experiencia y, sobre todo, libertad para hacer lo que a uno le viene en gana.

Clásicos literarios

Para demostraros que sí, se puede, hemos buceado en la historia para traeros algunos ejemplos de genios tardíos, de mentes brillantes que desarrollaron gran arte de sus carreras a la edad adulta. El ejemplo más paradigmático y más cercano corresponde a una de las obras cumbre de la literatura universal. Hablamos, en efecto, de El Quijote, que Miguel de Cervantes publicó ya con 58 años. Más tardía fue aún la segunda parte de Fausto, la tragedia alemana que Goethe publicó con 82 años, meses antes de su muerte.

No obstante, si hablamos de literatura y longevidad, tal vez el caso más curioso sea el del escritor portugués José Saramago, quien se estableció como literato a partir de los 60. La cosa le fue también que sólo necesitó 16 años para lograr el Premio Nobel de Literatura.

Música y cine

Ejemplos de grandes genios que mantuvieron la inspiración hasta una edad avanzada los hay en todas las disciplinas. ¿Sabías, por ejemplo, que Giuseppe Verdi estrenó Otelo, su obra más conocida, cuando contaba ya con 70 años? ¿O que Winston Churchill llegó al poder en Reino Unido con 66 años de edad? En el caso del cine, tal vez el ejemplo más claro sea el de Clint Eastwood, que facturó como director algunas de sus mejores obras a partir de los 60 y que a los 89 años sigue en activo y dirigiendo películas.

Aficiones tardías

Los hay incluso, quienes ya de mayores aprendieron a practicar algún deporte que les acompañaría ya para siempre. Marie Curie, por ejemplo, aprendió a nadar a los 50 años, y el escritor ruso Lev Tolstoi, comenzó a montar en bicicleta a los 67. Por suerte, no hace falta ser un genio para envejecer de forma activa y siempre se está a tiempo de iniciar un nuevo desafió ¿Por qué no aprender un idioma?