¿Recuerdes el momento a partir del cual el vivir dejó de ser solo un regalo de tus padres para convertirse en una decisión consciente? Aunque parezca un poco absurda, si le damos un par de vueltas a esta reflexión, la respuesta nos puede sorprender. Cuántas veces nos hemos convencido de que ahora no era el mejor momento para cambiar del trabajo, divorciarse, para mudarse a otro país o simplemente para ir de viaje o comprarse un coche nuevo. Las situaciones son innumerables, igual que las excusas. Siempre pensábamos que teníamos suficiente tiempo para actuar en un futuro…

‘No vivir’ también tiene su precio

Mientras, en el presente, entre el 84% y el 95% de las personas tienden a aplazar sus acciones en uno o más aspectos de su vida. Más de 70% de las pérdidas financieras están relacionadas con el aplazamiento (no presentar la declaración a tiempo, no leer el contrato, no comprobar la información etc). Además, el estrés que provoca dicho aplazamiento puede ir acompañado por problemas de salud debido a los remordimientos que nos atormentan. Al final, nos encontramos agobiados y sin energía cuando llega el momento de activarse. Porque al igual que vivir, el “no vivir” también tiene su precio.

Entonces, ¿cuáles son los razonamientos que nos impiden actuar y cómo podemos solucionarlo?

Por un lado, muchos de nosotros somos perfeccionistas. Si vamos a emprender algo, el resultado tiene que ser impecable. Y como a priori es imposible de conseguir, preferimos no perder el tiempo. A nadie le gusta que se ven las imperfecciones. A menudo nos aferramos a la ilusión de que “si lo hubiera hecho yo, saldría muchísimo mejor”.  Pero nunca llegamos a comprobarlo porque… bueno, ya todos lo sabemos, ¿verdad?

Mejor hecho que perfecto

Aunque hay muchísimos consejos sobre este tema, el mejor para nosotros concluye en una simple frase: “Lo hecho es mejor que lo perfecto”. Así es. No nos cansamos de repetir que centrarse en el proceso es más gratificante que obsesionarse con el resultado. Quizás, nunca lleguemos a dominar tanto el alemán como para leer a Kafka en su lengua original, pero cuando viajemos a Berlín y entablemos una pequeña charla con el chef del restaurante, nos vamos a sentir aún más orgullosos de nosotros mismos.

Otra afirmación que en Jubilengua utilizamos muchísimo y que nos gustaría compartir aquí proviene del inglés: ‘Use it or lose it’ (úsalo o lo pierdes). Como sabemos, nuestro cerebro no para de crear conexiones neuronales, una virtud conocida como plasticidad. A más diversos sean los impulsos que recibe el cerebro, más conexiones nuevas será capaz de generar. Por tanto, nuestro deber es alimentar el cerebro con acciones y, lo que es más importante todavía, sentirnos agraciados por cualquier esfuerzo, por muy pequeño que sea. El cerebro lo va a captar como algo positivo que querrá repetir más veces. De ahí nace la costumbre. Solo de nosotros depende convertir en costumbre la acción o la procrastinación. Repetimos, poco a poco y agradeciendo cada paso hecho. No lo hagas solo por ti, sino también por tu cerebro. Porque la superación está bien, pero al final lleva al cansancio y la apatía.

Emociones: el motor para seguir adelante

Por otro lado, recuerda que tenemos un gran rival para nuestra verdadera y profunda satisfacción en la vida. Se llama razonamiento. Si consultamos su significado en wikipedia, veremos que el razonamiento es “la facultad que permite resolver problemas, extraer conclusiones y aprender de manera consciente de los hechos”. Parece útil, pero aquí falta un aspecto muy importante. Nuestro cerebro consiste de dos grandes partes: la racional y la emocional. La parte racional nos permite hacer todo lo que tan bien describe la Wikipedia. Sin embargo, para activar nuestros procesos creativos, nuestra energía y anhelo por algo, necesitamos sentir. Las emociones son el verdadero motor para seguir adelante. No importa si son emociones positivas o negativas, los buenos resultados también se consiguen basándose en emociones como la envidia o el enfado. La clave está en no tratar de suprimir estos sentimientos, sino sublimarlos en una actividad.

Dedícale tiempo a tus aficiones

Durante la juventud, son muy frecuentes los conflictos cuando, por ejemplo, nos gusta el arte pero nuestros padres no lo consideran una profesión decente y nos animan a estudiar Medicina o Derecho. Conflictos que perduran durante la edad adulta, como cuando uno tiene afición por una cultura y por un idioma, pero no se atreve a dedicarle el tiempo necesario porque hay que trabajar, cuidar a los niños, hacer deporte etc. ¿Te suena?

¿Qué conclusión podemos sacar de todo esto? Para no alargar más el cuento, desde Jubilengua te damos un consejo firme y práctico: no resistas más a tus caprichos, dedícales un tiempo sin remordimientos, conviértelos en tu rutina y este deseo te dará la suficiente energía para proseguir sin miedo y para obtener los resultados que buscas. ¡Y no te olvides de darte las gracias por haber leído este artículo!